15 enero 2008

Leonidas

El día de hoy, me levanté con ánimos de todo. Mi magia estaba funcionando mejor que nunca y mi cabeza daba vuetas y vueltas alrededor de Leonidas, mi amado ángel; hoy lo veré.
Quedamos de vernos en ese lugar que de repente todo el mundo olvida, así estaremos conversando tranquilamente.
Lo conocí una mañana, en la que mi abuela me había prometido prepararme mi tarta favorita: la de Frambuesa con semillas de Azurtol, pero tendría que conseguirlas y sólo había dos lugares en los que se daban esos árboles: en Tierra de Rosas y en Grolithix. A mí me aburría ir al huerto de Tierra de Rosas, así que procuré ir a Grolithix. En ese lugar, habitan criaturas extrañas y animales de cualquier tipo. Mi madre se enteró una ocasión que yo asistía a dicho lugar y me lo prohibió, pero nunca la obedecía. Fácilmente podía volar de Grolithix hasta Tierra de Rosas en unos instantes. Mis alas son suficientemente rápidas como para lograrlo.
Los árboles de Azurtol, crecen suspendidos en el cielo y las semillas son muy escasas. De cada 50 árboles, sólo 15 dan frutos y de ellos, solo unos cuantos procrean las semillas de Azurtol. Tendría suerte si las encontraba. Volé muy alto para alcanzarlas y obtuve unas cuantas, mismas que metí en la bolsa tejida de seda que mi abuela me obsequió.
Bajé apresuradamente para usar mis piernas. Pisar el Valle aquél me produce gran placer. Apenas daba unos cuantos pasos sobre la tierra, cuando sentí una mano pesada sujetando mi hombro. Me dio miedo, miré hacia atrás y vi que era un terrible y feo ogro. Tenía en su boca una sonrisa malvada.
-¿Qué deseas? -Le pregunté de modo amable. Él volvió a sonreir y me dijo con su áspera voz:
-¡Quiero tus semillas de Azurtol!
-No te las daré, son para mi abuela. -Con miedo, lancé un grito muy desesperado al aire, esperando ayuda de alguien, pero nadie apareció.
-¡Dame esas semillas! -Gritó, muy cerca de mi cara mareándome por el fétido olor de su aliento. Él al verme de esa manera, me tomó por el brazo y me sacudió, lanzándome contra un árbol.
A los ogros les fascinan las semillas de Azurtol por su exquisito sabor, pero no se pueden conseguir con facilidad, debido a que los árboles se encuentran flotando en el aire. Sólo los seres con alas como yo, podemos alcanzar las semillas, ellos no. Por eso asaltan a quienes las obtienen.
Me puse a llorar, por la desesperación, tirada en el suelo. Él me quitó mi bolsita, con las semillas adentro. De pronto, no sé de dónde, salió un chico atractivo, con enormes alas, una capucha y vestido con piel de animal. Su rostro lucía inocencia, a pesar de la actitud que llevaba en ese momento. Sin decir nada y con cuchillo en mano, le cortó el tobillo al ogro, quien a su vez, se arrojó al piso del dolor. Yo, al ver que descuidó mi bolsa, la tomé y me la llevé volando lejos de su vista. Me quedé mirando aquella escena, sin alcanzar a escuchar lo que decían, vi que mi agresor se levantó y comenzó a dar vueltas en círculos junto con el ángel. El ogro soltó su primer puñetazo, pero el chico era muy rápido, no le hizo nada. Después de unos momentos, el ogro se arrodilló en el piso y parecía implorarle piedad. Me fui acercando, reflexioné en que él sólo quería las semillas, si alcanzara ese árbol, no hubiera sido capaz de molestrame. Observé que el ángel a punto estaba de atravesarle la nuca con su puñal, así que bajé aún más rápido gritando:
-¡Alto! -El chico, detuvo el arma a milímetros de herirlo de muerte. Me miró a los ojos, yo seguí aproximándome hasta llegar frente a él. Le dije confiando en mi poder de convencimiento:
-Déjalo, ya tuvo suficiente... míralo, está tan lleno de miedo que te está rogando piedad... nunca habia visto que alguien lograra hacer eso, y mucho menos con un ogro.
El chico volvió a mirarme y bajó su arma. Tomé su mano y al ogro le dije:
-Puedes irte, ya no te hará nada.
El ogro se puso en pie y comenzó a marcharse. Él le pidió que no me volviera a molestar. Yo, me reí por lo tonta que me había visto, primero llorando y clamando auxilio y luego liberando a mi ofensor.
Él me miró nuevamente y me preguntó:
-¿Te ríes de mí? -Yo le contesté que no era así, sino que se me hacía lindo que alguien me defendiera, nadie lo había hecho antes. Me acerqué y lo besé en la mejilla en señal de agradecimiento, para después volar hacia Tierra de Rosas. Durante mi vuelo, me puse a pensar si lo volvería a ver y recordé que no le pregunté ni su nombre...
Toda el resto del día pensé en él y en la forma tan linda en que me salvó. No lograba separarme de ese momento, ni de su imagen. La tarta de mi abuela, me supo mejor que siempre, puesto que esas semillas tuvieron un significado muy especial.
Mi abuela me preguntó si estaba enamorada, dijo que se me veía en la cara. A ella no suelo ocultarle nunca nada, no me juzgaba ni me regañaba. Le comenté que no sabía su nombre ni dónde encontrarlo. Ella, se comprometió a averiguarlo por medio de su magia y lo hizo. Me dio el dato exacto para que yo fuera a donde mi ya amado ángel y le diera las gracias. Me dijo que estaba en una cueva de las montañas de Arthem y que se encontraba con un hombre, que se veía amigable...

10 enero 2008

Hagertivo

Árbol con hojas color naranja y frutos venenosos. Sus hojas son ideales para escribir sobre ellos.

Difícil, no imposible...

El día de hoy desperté con él en la memoria... desgraciadamente no lo puedo ver... ¡Si tan sólo fueran mis padres más abiertos!

¡Si tan solo pudiera verlo y contemplarlo por largas horas!
¿Es que la vida es asi de dura siempre? Bueno, en fin... Hemos quedado de vernos a escondidas, pero en Tierra de Rosas todo se sabe. ¿Cómo hacer para que nadie nos vea?

Después de mucho pensar, recordé que había un lugar que siempre todos abandonaban. Está pasando el río, bajo la bella sombra de un árbol amarillo. Así que mandé una nota escrita en unas hojas de hagertivo* con los colibríes hasta su casa.

Había conversado con el árbol de las estrellas un día anterior y me había agradado la idea de que él sí me escuchara; y no sólo eso, también me dio consejos sobre las cosas que yo debía hacer y seguir para conservar a mi querido amor... durante las noches cortas en Tierra de Rosas, los árboles de estrellas brillaban porque se llenaban de magia; al amanecer, se convertían en árboles de colores, comunes y corrientes. Al parecer, yo era la única que sabía de la existencia de los maravillosos árboles esos. Lo supe cuando una noche, volando por ahí, uno de ellos me habló y me dijo su verdadero proceder. Me dijo que no eran simples árboles con estrellas encima, sino que tenían el poder de hablar, pensar y sentir. Luego de esa conversación, me hizo prometer que no diría nada a los demás habitantes de Tierra de Rosas.

Mi cabeza daba giros alrededor de mi amado. ¿Por qué siempre tiene que haber impedimentos para los que se aman con locura?

En mi caso, él es un ángel. Su ocupación es ayudar a las personas y guiarlas por las sendas correctas del corazón. Pero casi no lo veo. Él, ocupado en sus cosas, y yo, en las mías. Tratando de esquivar las difíciles críticas de los demás, haciendo como que no hay nada por detrás. Pero sí lo hay.

Mis padres (y los demás) desean que yo me case con un hado, como yo. Tienen en la mira a uno. Pero yo no estoy interesada en él. Para mí es como los demás... aburrido y con la misma magia que la mía. Yo deseo alguien que sea diferente, que me saque de mi vida ordinaria y que me lleve a volar lejos de aquí, donde el interés no exista y se necesite la magia sólo para ser más felices.

Me encanta sentarme por ahí, esperándolo llegar a nuestra cita. Al unirme a él, sé que las cosas cambiarán, pero aquí en Tierra de Rosas todo el mundo me sobreprotege y... aun no sé porqué, si a las demás hadas las dejan hacer lo que les place... mi madre dice que es porque yo no soy como las demás... eso deben decir todos los demás padres.

09 enero 2008

Olvido y Tierra de Rosas

Soy Pluma. Soy un hada, un hada permanente.

Vivo en Tierra de Rosas, un lugar perfecto. Mi casa es un tulipán color rosa... ese es el único lugar en el que me siento segura y tranquila. No es que Tierra de Rosas no sea pacífico, sino que vivimos todos con miedo desde que Olvido viene a "visitarnos".


Él es nuestra horrible pesadilla, siempre está buscando destruir Tierra de Rosas. Dicen en la aldea, que ese lugar iba a ser de él, pero que lo perdió debido a sus malas intenciones. Por esa razón viene a reclamar lo que, según él, es suyo. He querido enterarme de más cosas, pero no me es posible. Todos aquí suelen ser muy reservados.


Nosotros tenemos magia, pero sólo la utilizamos para nuestras labores diarias, como hacer la limpieza del hogar, para conseguir alimento o para satisfacer nuestras necesidades, es una magia muy buena, pero insuficiente, porque no podemos destruir ni castigar a Olvido... si pudiéramos, ya lo hubiéramos hecho desde hace mucho tiempo.


Existe una relación muy estrecha y amistosa entre los habitantes de Tierra de Rosas, siempre nos ayudamos mutuamente y somos felices... pero realmente conocemos el miedo cuando Olvido aparece, la última vez que vino, destrozó el puente que tenemos para cruzar el lago de las ranas, nos costó mucho repararlo entre todos los habitantes de la aldea. Lo malo, es que si Olvido destruye algo, debido al poder de su magia, a nosostros nos cuesta mucho más, porque somos inferiores a él.

Desesaría encontrar la manera de derrotar a Olvido, pero sé que aquí en Tierra de Rosas no lo haré. Quisiera salir de aquí, pero nadie me lo permite. Parece como si me escondieran algo... trataré de averiguar más. Pero en lo que eso pasa, esperaré la llegada de mi amado bajo el árbol de estrellas, él siempre escucha a quienes hablamos de amor...