El día de hoy, me levanté con ánimos de todo. Mi magia estaba funcionando mejor que nunca y mi cabeza daba vuetas y vueltas alrededor de Leonidas, mi amado ángel; hoy lo veré.
Quedamos de vernos en ese lugar que de repente todo el mundo olvida, así estaremos conversando tranquilamente.
Lo conocí una mañana, en la que mi abuela me había prometido prepararme mi tarta favorita: la de Frambuesa con semillas de Azurtol, pero tendría que conseguirlas y sólo había dos lugares en los que se daban esos árboles: en Tierra de Rosas y en Grolithix. A mí me aburría ir al huerto de Tierra de Rosas, así que procuré ir a Grolithix. En ese lugar, habitan criaturas extrañas y animales de cualquier tipo. Mi madre se enteró una ocasión que yo asistía a dicho lugar y me lo prohibió, pero nunca la obedecía. Fácilmente podía volar de Grolithix hasta Tierra de Rosas en unos instantes. Mis alas son suficientemente rápidas como para lograrlo.
Los árboles de Azurtol, crecen suspendidos en el cielo y las semillas son muy escasas. De cada 50 árboles, sólo 15 dan frutos y de ellos, solo unos cuantos procrean las semillas de Azurtol. Tendría suerte si las encontraba. Volé muy alto para alcanzarlas y obtuve unas cuantas, mismas que metí en la bolsa tejida de seda que mi abuela me obsequió.
Bajé apresuradamente para usar mis piernas. Pisar el Valle aquél me produce gran placer. Apenas daba unos cuantos pasos sobre la tierra, cuando sentí una mano pesada sujetando mi hombro. Me dio miedo, miré hacia atrás y vi que era un terrible y feo ogro. Tenía en su boca una sonrisa malvada.
-¿Qué deseas? -Le pregunté de modo amable. Él volvió a sonreir y me dijo con su áspera voz:
-¡Quiero tus semillas de Azurtol!
-No te las daré, son para mi abuela. -Con miedo, lancé un grito muy desesperado al aire, esperando ayuda de alguien, pero nadie apareció.
-¡Dame esas semillas! -Gritó, muy cerca de mi cara mareándome por el fétido olor de su aliento. Él al verme de esa manera, me tomó por el brazo y me sacudió, lanzándome contra un árbol.
A los ogros les fascinan las semillas de Azurtol por su exquisito sabor, pero no se pueden conseguir con facilidad, debido a que los árboles se encuentran flotando en el aire. Sólo los seres con alas como yo, podemos alcanzar las semillas, ellos no. Por eso asaltan a quienes las obtienen.
Me puse a llorar, por la desesperación, tirada en el suelo. Él me quitó mi bolsita, con las semillas adentro. De pronto, no sé de dónde, salió un chico atractivo, con enormes alas, una capucha y vestido con piel de animal. Su rostro lucía inocencia, a pesar de la actitud que llevaba en ese momento. Sin decir nada y con cuchillo en mano, le cortó el tobillo al ogro, quien a su vez, se arrojó al piso del dolor. Yo, al ver que descuidó mi bolsa, la tomé y me la llevé volando lejos de su vista. Me quedé mirando aquella escena, sin alcanzar a escuchar lo que decían, vi que mi agresor se levantó y comenzó a dar vueltas en círculos junto con el ángel. El ogro soltó su primer puñetazo, pero el chico era muy rápido, no le hizo nada. Después de unos momentos, el ogro se arrodilló en el piso y parecía implorarle piedad. Me fui acercando, reflexioné en que él sólo quería las semillas, si alcanzara ese árbol, no hubiera sido capaz de molestrame. Observé que el ángel a punto estaba de atravesarle la nuca con su puñal, así que bajé aún más rápido gritando:
-¡Alto! -El chico, detuvo el arma a milímetros de herirlo de muerte. Me miró a los ojos, yo seguí aproximándome hasta llegar frente a él. Le dije confiando en mi poder de convencimiento:
-Déjalo, ya tuvo suficiente... míralo, está tan lleno de miedo que te está rogando piedad... nunca habia visto que alguien lograra hacer eso, y mucho menos con un ogro.
El chico volvió a mirarme y bajó su arma. Tomé su mano y al ogro le dije:
-Puedes irte, ya no te hará nada.
El ogro se puso en pie y comenzó a marcharse. Él le pidió que no me volviera a molestar. Yo, me reí por lo tonta que me había visto, primero llorando y clamando auxilio y luego liberando a mi ofensor.
Él me miró nuevamente y me preguntó:
-¿Te ríes de mí? -Yo le contesté que no era así, sino que se me hacía lindo que alguien me defendiera, nadie lo había hecho antes. Me acerqué y lo besé en la mejilla en señal de agradecimiento, para después volar hacia Tierra de Rosas. Durante mi vuelo, me puse a pensar si lo volvería a ver y recordé que no le pregunté ni su nombre...
Toda el resto del día pensé en él y en la forma tan linda en que me salvó. No lograba separarme de ese momento, ni de su imagen. La tarta de mi abuela, me supo mejor que siempre, puesto que esas semillas tuvieron un significado muy especial.
Mi abuela me preguntó si estaba enamorada, dijo que se me veía en la cara. A ella no suelo ocultarle nunca nada, no me juzgaba ni me regañaba. Le comenté que no sabía su nombre ni dónde encontrarlo. Ella, se comprometió a averiguarlo por medio de su magia y lo hizo. Me dio el dato exacto para que yo fuera a donde mi ya amado ángel y le diera las gracias. Me dijo que estaba en una cueva de las montañas de Arthem y que se encontraba con un hombre, que se veía amigable...